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Si la IA puede hacerlo en segundos, ¿qué valor tiene un diseñador?

Hemos construido un sistema que mide el diseño por la velocidad. Y, de repente, aparece una herramienta más rápida que cualquiera de nosotros.

Diego Bacuilima  ·  4 min de lectura

Los límites que la inteligencia artificial está alcanzando han hecho que muchos profesionales del diseño empecemos a hacernos la misma pregunta: ¿la IA reemplazará a los diseñadores?

Y es en medio de esa bruma constante de duda donde me surge otra pregunta: ¿es realmente la IA la amenaza que atenta contra el verdadero valor de nuestra profesión?

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Diseñar siempre fue resolver problemas

La acción de diseñar está presente en nuestras vidas desde tiempos remotos. Surgió como respuesta a las necesidades funcionales del ser humano.

Diseñar es entonces, en su concepto más puro, el proceso de encontrar una solución a un problema.

Desde la construcción de herramientas para la caza hasta el desarrollo de dispositivos sofisticados que nos permiten comunicarnos en tiempo real con personas al otro lado del mundo, el ser humano ha sido capaz de responder a las necesidades propias de su evolución.

Pero estas respuestas no fueron fruto de la inmediatez. Fueron el resultado de una secuencia de pasos entre la prueba, el error y la reflexión; cada uno tan importante como el otro, y todos dependientes de un factor determinante en la búsqueda de la respuesta correcta: el tiempo.

El proceso de diseñar: prueba, error y reflexión, tres pasos que dependen del tiempo

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El factor que nadie cotiza: el tiempo

El tiempo, en el acto de diseñar, juega un papel fundamental. Permite al diseñador explorar diferentes caminos, métodos e ideas, y comprender qué debe descartarse y qué puede cumplir una función positiva.

Es como armar un rompecabezas nuevo: aunque todas las piezas estén completas y al alcance, es imposible encajarlas correctamente sin tomarse el tiempo necesario para comprender cómo se relacionan entre sí.

Entonces, ¿qué sucede cuando eliminamos ese tiempo?

Aunque las piezas logren encajar, quizás no estén en el lugar correcto.

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La cultura del «para ayer»

De la misma manera, la industria creativa actual ha dado lugar a clientes desesperados, con requerimientos que llegan acompañados de la famosa frase:

«Lo necesito para ayer».

Esto obliga al diseñador a convertirse en un elemento meramente operativo, y deja en segundo plano su papel estratégico y reflexivo.

Hemos construido un sistema que mide el valor del diseño por la cantidad de piezas producidas en el menor tiempo posible. En el camino, ese sistema deja de lado justamente lo que hace valioso a un diseñador:

1Comprender el problema.
2Formular preguntas.
3Reflexionar.
4Establecer criterios.
5Tomar decisiones.

Y, de repente, aparece una herramienta capaz de producir a una velocidad que resulta inalcanzable para nosotros.

En este contexto, ¿dónde queda nuestra capacidad para decidir qué tiene sentido y qué no?

Sobre esa misma tensión entre velocidad y criterio también escribimos en ¿Ahorrar tiempo o ceder el pensamiento?

¿La IA reemplazará a los diseñadores? Comparación entre producir piezas en serie y diseñar con criterio

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¿La IA reemplazará a los diseñadores? Lo que todavía no puede hacer

La capacidad de diseñar tiene un espectro mucho más amplio que la simple habilidad para manejar un software.

Un diseñador está preparado para enfrentarse a factores que van más allá de una pantalla: entiende el problema, analiza las posibles soluciones, reflexiona, establece parámetros y ayuda a decidir cuál es el camino más estratégico para llegar a una solución.

Por eso, mientras la IA no posea esa capacidad reflexiva —la capacidad de comprender verdaderamente un problema, cuestionarlo, establecer criterios y decidir qué solución tiene sentido dentro de un contexto determinado—, quizás nuestro verdadero enemigo no sea la inteligencia artificial.

Quizás sea el sistema que nosotros mismos seguimos alimentando.

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Preguntas frecuentes

¿La IA va a reemplazar a los diseñadores?

La IA puede producir piezas a una velocidad que ningún diseñador alcanza, pero diseñar no es solo producir. Es entender un problema, cuestionarlo, establecer criterios y decidir qué solución tiene sentido en un contexto. Mientras la IA no tenga esa capacidad reflexiva, puede acelerar el trabajo operativo, no reemplazar el criterio del diseñador.

¿Qué puede hacer un diseñador que la IA no?

Un diseñador entiende el problema antes de resolverlo: formula preguntas, analiza caminos posibles, descarta lo que no funciona y ayuda a decidir cuál es la ruta más estratégica. Ese proceso necesita tiempo, prueba, error y reflexión. La IA entrega resultados rápidos, pero no decide por sí sola si esos resultados tienen sentido.

¿Cuál es el verdadero riesgo para la profesión del diseño?

Más que la IA, el riesgo es un sistema que mide el valor del diseño por la cantidad de piezas producidas en el menor tiempo posible, con pedidos «para ayer». Ese sistema convierte al diseñador en un elemento operativo y deja de lado su papel estratégico: comprender, reflexionar y decidir.

Diego BacuilimaArt Director en Chapter.
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